MODELO DEL SAYÓN ROMANO QUE DEPOJA A CRISTO DE SUS VESTIDURAS

11.08.2018 20:19

Primera escultura secundaria del futuro misterio de la Hermandad de Jesús Despojado de Alcalá de Henares
Escultor: Rafael Martín Hernández (2018)

 

Este boceto modelado en arcilla que será modelo de la futura talla en madera a escala real, representa a un sayón o verdugo romano, en actitud de despojar a Cristo de sus vestiduras, para a continuación, proceder a su crucifixión. 
En la antigua Roma, los legionarios generalmente asumían la responsabilidad de ajustar cuentas a los delincuentes, quienes en su mayoría, eran crucificados en las vías de acceso a las ciudades, como forma de escarmiento. 
Por esta circunstancia, esta escultura estará ataviada a la usanza del legionario romano, con tunica, lorica, cíngulum, balteus, y caligae. Sin embargo estará exento de la galea o casco. 
La actitud de la figura es de aproximación al Señor para expoliarle de la túnica con rudeza. Su rostro dibuja acciones faciales propias de una sonrisa maliciosa con signos de desprecio. Esta sonrisa de satisfacción ante el sufrimiento ajeno, asociada también a la astucia en otros contextos, evidencia un sentimiento de orgullo, definido como arrogancia, vanidad o exceso de estimación propia. Ello, sumando a una fisonomía del rostro de marcado carácter contemporáneo, buscan recrear un prototipo del hombre actual, presa del ego, en el que su individualismo, exceso de orgullo, vanidad y desprecio hacia lo humano y lo divino, le llevan a intentar desposeer a la sociedad y a su propia existencia, de los valores encarnados en la figura de Cristo. 
Este narcisismo ególatra muy común en el hombre actual, es simbolizado en una figura en la que su belleza física pretende enmascarar la sombra que habita en su interior. De esta forma, se busca deslegitimar la antigua costumbre promovida en el Concilio de Trento (S. XVI), que promovía asociar a los personajes malvados de La Pasión de Cristo, con la fealdad física, para favorecer así su identificación. Este tratamiento injusto de la fealdad carece de sentido en nuestra sociedad. Ante tal circunstancia, esta escultura pretende evidenciar esa falaz paradoja, según la cual la belleza corporal también es capaz de encarnar los más bajos instintos del hombre que se regocija en el sufrimiento ajeno, desde una supuesta superioridad moral. Psicopatía ésta a veces difícil de identificar, pero muy común en los grandes genocidas y/o verdugos que han protagonizado la historia del hombre hasta nuestros días.